El alineamiento normativo con la UE supone un cambio de nombre de la legendaria compota hecha con naranjas de Sevilla: ya no será ‘marmalade’, como se la conoce en el Reino Unido, sino ‘citrus marmalade’
Hay bulos o medias verdades que pueden cambiar la historia de un país, y otros que simplemente son acogidos con indiferencia, porque no es momento de revoluciones. Cuando Boris Johnson ejercía de corresponsal en Bruselas para el The Daily Telegraph, su historia sobre el pretendido empeño —falso― de los burócratas comunitarios por suprimir las patatas fritas con sabor a cóctel de gambas, tan populares entre los británicos, se convirtió en una ola añadida al temporal ...
del Brexit. Otra afrenta que había que evitar.
Más de una década después, con un país convencido ya de que su salida de la UE fue un desastre económico y político, el Gobierno del laborista Keir Starmer se ha empeñado en reparar todo lo posible aquel destrozo, y trabaja desde hace dos años en propiciar un mayor acercamiento con el bloque comunitario. Su último propósito anunciado es el de buscar un mayor alineamiento normativo —“alineamiento dinámico”, lo llaman― con Bruselas. Es decir, cambiar la regulación británica en materia agroalimentaria o fitosanitaria cuando cambie en la Unión Europea, para facilitar de ese modo un comercio sin tanta fricción.






