Suceda lo que suceda en el Golfo, los ciudadanos deben ser conscientes de la seriedad de la situación y de cómo afecta a sus vidas
Ocurra lo que ocurra en el Golfo, los 41 días de guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán ya han tenido un efecto en la industria de los hidrocarburos serio y
ais.com/economia/2026-04-05/primeros-compases-de-una-marcha-funebre-geoeconomica.html" data-link-track-dtm="">de enormes repercusiones globales. El responsable de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, ha advertido de que estamos viviendo “el mayor riesgo para la seguridad energética de la historia”. Y la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha sido inequívoca: la guerra ha dado un vuelco a las previsiones económicas y ha alumbrado una crisis energética de impacto indudable. Toca prepararse. No es solo ya el cierre del estrecho de Ormuz, por el que circula una quinta parte de los hidrocarburos del planeta. Más de 40 instalaciones petroleras y gasistas en varios países de la región han sido atacadas, algunas fundamentales como la isla de Jarg, por donde Irán canaliza la práctica totalidad de sus exportaciones petroleras. Aunque el estrecho volviese a la situación del 28 de febrero, hay daños que tardarán años en recuperarse: de tres a cinco ejercicios en el caso de la planta gasista de Ras Laffan, en Qatar, donde se procesa el 93% del gas del golfo Pérsico.








