Recorremos el centro de la capital catalana con el biógrafo Gijs Van Hensbergen para conocer las claves de la obra del “arquitecto más famoso del mundo”
“Un hombre humilde y obsesionado. Católico puro y duro. Vivía por y para el arte. Pero no el arte por el arte sino el arte por la religión. Creo que cada vez se fue identificando más con San Francisco”. Así responde Gijs Van Hensbergen al preguntarle por los rasgos más destacados de la personalidad de Antoni Gaudí (1852-1926). ...
Este año se cumple el centenario del trágico fallecimiento de “uno de los creadores más singulares de la historia de la arquitectura mundial”, “el arquitecto más famoso del mundo”. Coincidiendo con esta efeméride, durante su visita a España León XIV inaugurará la Torre de Jesús donde a finales del pasado mes febrero se colocó el brazo superior de una gigantesca cruz. Entre los muchos libros del Año Gaudí se reedita la biografía clásica de Van Hensbergen, traducida a más de 10 lenguas (incluidos el español y el catalán). Viene acompañada por un nuevo capítulo inicial: un estado de la cuestión del conocimiento de la vida y la obra de Gaudí.
Sentado en el asiento delantero de un taxi, circulando por el Eixample o regateando a los turistas frente a la Sagrada Familia, el hispanista desgrana su madurada visión sobre un personaje del que apenas se conserva documentación personal y que a lo largo de la tarde no duda en calificar repetidas veces de genio. “Un genio como Picasso, con los problemas de un genio”. ¿Sabía Gaudí que era un genio? “Cuando todo el mundo se reía de Gaudí y dibujaban La Pedrera como si fuera un zoo, él seguía con su idea porque tenía una gran autoconfianza y el don del trabajo”. Lo consiguió. “Cual Leonardo del siglo XX, Gaudí es la apoteosis del artista como inventor”.






