Entre cortes eléctricos, sequía extrema y miles de pozos ilegales, los habitantes de Deraa se enfrentan a una crisis sostenida que pone en peligro su seguridad hídrica y alimentaria

Abu Osama, residente en la localidad de Yadouda, en el oeste rural de la gobernación siria de Deraa, no recibe suficiente agua potable. Lleva años enfrentándose a este problema. “Cuando se corta el suministro, tenemos que comprar un camión cisterna. En mi caso es difícil asumir ese coste, así que intento ahorrar agua al máximo”, explica este hombre de 34 años, casado y padre de cuatro hijos. El precio de un camión cisterna alcanza las 50.000 libras sirias (alrededor de 3,46 euros) y para muchos vecinos equivale al salario de un día. Osama gana menos de 100 dólares (86,5 euros) al mes como conductor de ambulancia en Deraa.

La gobernación de Deraa, en el sur de Siria y con más de un millón y medio de habitantes, fue históricamente conocida por la abundancia de sus recursos hídricos. Sin embargo, la crisis climática y la perforación indiscriminada de pozos han provocado un descenso significativo de los niveles de agua subterránea. Numerosos manantiales, lagos y pozos se han secado en los últimos años. Los datos sobre recursos hídricos en la provincia reflejan también un deterioro de la capacidad de almacenamiento: actualmente, los niveles de llenado de los embalses oscilan entre el 15% y el 71%.