Lo primero que el país necesita no es inversores, sino elecciones libres

En 2017 publiqué Venezuela Energética, un libro que escribí en parte desde la cárcel militar de Ramo Verde, en servilletas y trozos de papel que salieron escondidos entre las ropas de mi esposa y mi madre durante las visitas. Lo escribí con Gustavo Baquero, un ingeniero petrolero venezolano que desarrolló su carrera en Europa porque en la PDVSA de Chávez no había espacio para profesionales como él. Moisés Naím escribió el prólogo....

La tesis era clara: Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, cerca del 20% del total global, y produce apenas una fracción de lo que podría. Eso no es un problema geológico. Es un problema político. Y resolverlo requiere cuatro cosas: maximizar la producción, diversificar la economía, democratizar el ingreso petrolero para que llegue directamente a cada venezolano, y construir una matriz energética sustentable.

Nueve años después, la tesis sigue vigente. Lo que ha cambiado es la urgencia y la oportunidad.

Todo lo que advertíamos en el libro se cumplió. La producción, que rondaba los 2 millones de barriles diarios cuando publicamos, se desplomó hasta 340.000 en 2020. PDVSA entró en default. Más de 7 millones de venezolanos emigraron, entre ellos una proporción enorme de ingenieros y técnicos petroleros.