Hay personas que por tiempo, eficiencia o comodidad prefieren cocinar platos con todos los macros medidos, aunque a veces resulten tristes por su apabullante simpleza y tosquedad

Existe una creciente conciencia con la alimentación, el ejercicio físico y la vida saludable que atraviesa los horarios de cientos de miles de personas en nuestro país. Hay quienes hicieron caso al decálogo de hábitos saludables de Saber Vivir en 2007 y lo siguen a día de hoy como la Biblia; y quienes simplemente comen equilibrado, hacen un deporte que les gusta y no se fuman cincuenta cigarros en una tarde.

También están los que llevan todo al extremo y su semana pasa a girar en torno a su suscripción del FitnessPark y su dieta se reduce a pollo con arroz, arroz con pollo y, si el día es festivo, un suculento plato de arroz y pollo. Para este artículo nos interesa centrarnos en este último grupo. Estableciendo precedentes, hace unos años surgió en redes la tendencia girl dinner, que hablando mal y pronto es una cena de mierda: por ejemplo, dos lonchas de jamón York troceadas, una lata de atún y arroz recalentado de ayer (puedes sustituirlo por la miseria que quieras).

Bien, pues recientemente ha surgido el boy kibble, consistente en comer lo mismo siempre para llevar bien el gimnasio. Arroz con pollo o carne de ternera picada y, como mucho, huevo. Si se ponen creativos, brócoli o alguna otra verdura (una variedad por plato, no vaya a ser). Personalmente no uso estos términos porque me parecen cursis en primer lugar, y porque huele un poco regular que lo de las girls sea dieta de vagas y lo de los boys una dieta de ejercicio y salud. Pero bueno, ese no es el asunto (ahora).