El pasado mes de septiembre, 2.800 horas de veladoras quedaron pendientes por la falta de sustitutos debido a la precariedad laboral
En una escuela del Eixample de Barcelona cuentan con cuatro monitoras de apoyo educativo que asiste a los alumnos con discapacidad o algún trastorno de aprendizaje —las denominadas vetlladores en la jerga escolar—, lo que se traduce en 60 horas de atención. Hace unas semanas, una de ellas cogió una baja, pero la entidad que gestiona este servicio no envió sustituta. “Dicen que no tienen personal para tan pocas horas. Nosotros conocemos veladores y les decimos que se ofrezcan a la empresa”, apuntan desde la dirección de la escuela. Cuando esto sucede, el centro debe hacer malabarismos y repartir, como puede, el resto de recursos para atender a estos alumnos. “Vamos moviendo recursos y personal según la urgencia”, admite la dirección.
El problema de las dificultades para encontrar sustitutos lo sufren muchas escuelas. “Hasta ahora era una empresa de Sevilla y no te cogían el teléfono. Si la veladora te cogía la baja no se cubría y además hay un máximo de horas”, explican desde una escuela de Rubí que cuenta con dos monitoras de apoyo, una de las cuales con bajas reiteradas el curso pasado que no se cubrieron.






