Un gol de Havertz en el minuto 91 rompe la férrea resistencia del Sporting al cabo de un partido empantanado

Media humanidad en vilo, entre bombardeo y bombardeo, y la otra media mirando partidos de la Champions, incluso un Sporting de Portugal-Arsenal. Cruce de dudoso cartel en los cuartos de final de la Champions. No defraudó a los escépticos. Fue un partido malo. Una manera cualquiera de distraer la atención hacia cosas irrelevantes o unidimensionales como los ataques del Arsenal en Lisboa. El equipo inglés venía de perder la final de la Copa de la Liga y de quedar eliminado de la Copa de Inglaterra contra el Southampton, dos derrotas seguidas por primera vez en la temporada. Se esperaba una reacción. No hubo casi nada en 91 minutos. Hasta que Martinelli habilitó a Havertz, que rompió el fuera de juego, controló en el punto de penalti y metió un gol que pone al Arsenal a un paso de las semifinales.

Como un frasco de esencias, el partido liberó toda la emoción apenas abierto. Diomandé, central derecho del Sporting, envió un balón a 50 metros con tres dedos —à la Lamine— y Araújo sorprendió a los zagueros del Arsenal rompiendo al espacio y su tiro pegó en el palo después de que Raya lo desviara con la punta de los dedos. Minutos más tarde Madueke envió un lanzamiento de córner al travesaño ante el pavor de la gradería. No habían transcurrido cinco minutos y el duelo que menos expectación había despertado en estos cruces de cuartos parecía destinado a producir un espectáculo entretenido. No fue así.