Un 95% de los 5,4 millones de personas que sufren mordeduras cada año viven en países de bajos y medianos ingresos. Ante el abandono de las farmacéuticas, el Sur Global ha comenzado a fabricar sus propios antídotos

Desde la Grecia antigua hasta el siglo XIX, la triaca, un brebaje hecho con plantas, minerales y la carne de una víbora hembra y joven, se consideró el antídoto más eficaz contra el envenenamiento por mordedura de serpiente, que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), causa entre 81.000 y 138.000 muertes y alrededor de 400.000 amputaciones al año. La fórmula partía del supuesto de que un mal puede ser curado con algo similar. “Se creía que había que cortar la serpiente cuatro dedos por detrás de la cabeza y cuatro dedos antes de terminar la cola, porque ahí era donde se concentraba el veneno”, explica el profesor Jorge Alvar, de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), que es comisario de una exposición consagrada a este problema de salud global, que se puede visitar hasta octubre en Madrid.

Esta muestra, que lleva por título De brebajes y serpientes: entre la triaca magna y una emergencia de salud global, exhibe reptiles disecados, recipientes para brebajes curativos, mapas o manuscritos para narrar cómo los humanos llevan 2.000 años tratando de protegerse de los ataques de serpientes, y, aunque existen antivenenos efectivos, los números de afectados siguen siendo alarmantes. Según la OMS, 5,4 millones de personas son mordidas cada año en el mundo y el 95% de ellas vive en países de ingresos bajos y medios, según un estudio publicado en la revista científica The Lancet. Además, de acuerdo con la organización, factores como el cambio climático y los conflictos que provocan el desplazamiento de algunas poblaciones, causan indirectamente que serpientes y humanos vivan cada vez más cerca en algunos lugares del mundo.