Este dulce ha convertido a un pequeño pueblo de Castilla‑La Mancha en parada obligatoria para los que viajan por la A‑31 (Autovía de Alicante)

“Cuando voy al Senado me gusta llevar miguelitos. Compañeros de otros partidos siempre pasan por mi sitio a tomar un pastel. En una ocasión una portavoz de VOX se acercó y me pidió uno. Cuando llevas miguelitos de La Roda todo es distinto, te abre las puertas de muchos sitios”. La anécdota la cuenta el martes Santo el senador y alcalde de La Roda (Albacete), el socialista Juan Ramón Amores. Cita a EL P...

AÍS en uno de sus sitios preferidos del pueblo (15.643 habitantes, según los últimos datos del INE), la Posada del Sol, un antiguo espacio de hospedaje y comercio para los viajeros que recorrían el Camino Real entre el Levante y el centro peninsular, convertido hoy en centro cultural. Allí, entre casi 1.500 ejemplares de ediciones antiguas de El Quijote y obras del pintor Antonio Carrilero, el edil se reafirma en un hecho que pocos pueden rebatirle: “Los miguelitos de La Roda son la mejor tarjeta de presentación que tenemos. No hay dinero para pagar semejante publicidad”.

La historia de este pastel se remonta a comienzos de los años sesenta, cuando el confitero Manuel Blanco creó, para poner en práctica técnicas aprendidas durante su aprendizaje del oficio, el primer miguelito: un dulce de hojaldre relleno de una fina crema pastelera y bañado en un glaseado de azúcar. Se lo dio a probar a un amigo suyo de La Roda, Miguel Ramírez, actor de la compañía teatral de Margarita Xirgú, que quedó sorprendido con la exquisitez del bocado. En una ocasión, cuando Ramírez regresó de nuevo al pueblo, según se narra en la biografía del pastelero en el Diccionario Biográfico de Castilla-La Mancha, se encontró en el escaparate de la confitería un rótulo sobre una bandeja de los nuevos pasteles con el nombre de miguelitos.