Joana Mallwitz y Klaus Mäkelä, al frente de la Mahler Chamber Orchestra y del Concertgebouw de Ámsterdam, impactan con el ‘War Requiem’ de Britten y la ‘Octava sinfonía’ de Bruckner

En diciembre de 2023, la Filarmónica de Berlín anunció, sin previo aviso, su salida del Festival de Pascua de Baden-Baden para regresar a Salzburgo. “El momento fue sorprendente, ya que el contrato acababa de prorrogarse y la relación era muy buena tras más de 10 años”, reconoce a EL PAÍS Benedikt Stampa, director artístico del Festspielhaus de esta ciudad balneario a los pies de la Selva Negra. “Sin embargo, la decisión en sí no fue inesperada: muchos músicos de la orquesta berlines...

a deseaban volver al histórico enclave de la era Karajan”.

Lo que amenazaba con abrir un vacío de difícil encaje se convirtió en una oportunidad para reinventar el festival. “Traer a la Filarmónica de Viena no habría sido especialmente creativo”, prosigue Stampa, un gestor musical afable y de imponente estatura que ya había demostrado, al frente del Konzerthaus de Dortmund, su olfato para apostar —hace casi dos décadas— por figuras emergentes hoy consolidadas como Yannick Nézet-Séguin. “Desarrollamos un nuevo concepto: en lugar de una única orquesta residente, optamos por invitar a la Mahler Chamber Orchestra para el proyecto operístico y a la Concertgebouw de Ámsterdam para los conciertos sinfónicos”.