Johannes Brahms no comenzó con buen pie en la Gewandhaus de Leipzig. En 1859, su Primer concierto para piano fue abucheado por el público, y en 1869 la crítica destrozó el estreno de la versión definitiva de Un réquiem alemán, que calificó como “a medio camino entre lo atractivo y lo repulsivo, entre la sencillez y la extravagancia”. Todo cambió cuatro años después, cuando este oratorio fúnebre, basado en versículos de la Biblia traducida al alemán por Lutero, fue programado en tres ocasiones y celebrado con entusiasmo. “Me horroriza saber a qué pruebas se ven sometidos mis amigos de Leipzig al escuchar con tanta frecuencia mi réquiem”, ironizó en una carta el compositor.

Precisamente en 1868 pudo escucharse por primera vez en la Gewandhaus la Sinfonía núm. 5, “Reforma”, de Felix Mendelssohn, tras su publicación póstuma. Era una rareza juvenil que el propio compositor rehusó dirigir durante sus años como Kapellmeister en Leipzig (1835-1847), y de la que llegó a escribir: “Es la composición que más desearía quemar de todas las que he escrito”.

La Quincena Musical acaba de clausurar su 86ª edición evocando esta venerable tradición de la Gewandhaus de Leipzig. La histórica orquesta sajona, fundada en 1781 en una nave de la Casa de los Pañeros —de donde tomó su nombre—, debutó en el festival donostiarra con dos conciertos que culminaron el viernes 29 de agosto, rindiendo homenaje a su legado: una sinfonía de su más célebre Kapellmeister y la obra de Brahms estrenada en Leipzig que lo consagró como compositor. Ambas partituras, con Lutero como nexo, fueron incorporadas al repertorio de la orquesta sajona entre 1868 y 1869 por el Gewandhauskapellmeister Carl Reinecke. En San Sebastián las ha dirigido el actual titular de ese puesto, el letón Andris Nelsons (Riga, 46 años), como parte de una gira que proseguirá este fin de semana en el Festival Internacional de Santander y la próxima semana en la Philharmonie de París.