La música de Bach se transforma, la transforman y nos transforma. En estas tres derivadas podría resumirse, a modo de trinidad, la tesis que ha sustentado este año gran parte de la programación del Bachfest de Leipzig, el festival más importante del mundo dedicado al compositor alemán, que vivió aquí los últimos 27 años de su vida. Desde la inauguración se han sucedido múltiples ejemplos de plasmaciones de estos tres principios, algunos ya comentados en crónicas anteriores. Algunas propuestas no han tenido quizá la traducción sonora ideal, pero un festival debe intentar dejar huella más allá de las interpretaciones, irremediablemente efímeras. Quienes hayan pasado estos días por Leipzig ―y hasta aquí ha viajado gente procedente de todo el mundo― habrán visto iluminados a buen seguro aspectos de su producción que normalmente quedan en zonas de sombra.
Bach se impuso numerosos retos durante su vida: en esencia, afrontado y completado uno, raramente volvía sobre él, porque prefería adentrarse en nuevos senderos aún inexplorados. En ese sentido, sus dos libros de El clave bien temperado constituyen una excepción, porque nacieron, además, en momentos muy diferentes de su biografía: el primero, en Cöthen, la ciudad en la que no le hubiera importado poner fin a sus días (lo confesó con estas mismas palabras a su amigo Georg Erdmann en una carta fechada el 28 de octubre de 1730); el segundo, aquí en Leipzig, donde fue sin duda menos feliz y que hubiera preferido abandonar–y este fue el motivo principal que le impulsó a escribir aquella misiva– para encontrar trabajo lejos de allí. Uno y otro nos muestran al compositor inmediatamente antes y justo en la recta final del período lipsiense, el más dilatado de su vida profesional. El primero es casi el homólogo instrumental y profano de las Cantatas BWV 22 y 23, que formaron parte de su audición para obtener el puesto de Cantor en la Thomasschule; el segundo es, en la línea enciclopédica y especulativa de El arte de la fuga, la Ofrenda musical o la Misa en Si menor, una exhibición de sus poderes y una summa de sus conocimientos. En ambas colecciones se crean universos completos, perfectamente cerrados sobre sí mismos, que invitan a un eterno retorno, ya que el final nos devuelve al filo del principio. Círculos perfectos.






