Los cubanos están sometidos a un aparato represor de amplio alcance en el que los presos políticos son la expresión más cruel
Abrazos, lágrimas, maletas, madres e hijos. Las imágenes de las primeras excarcelaciones de presos tras el anuncio del Gobierno cubano el jueves por la noche del mayor indulto en una década, con 2.010 beneficiados, son una pequeña grieta en la oscuridad de un sistema penitenciario y represivo que no ha dejado de actuar, ni siquiera en estos dos últimos meses en los que la presión de Estados Unidos hacia la isla, en forma de cerco petrolero, casi ha paralizado la economía del país.
Las excarcelaciones se producirán en las próximas horas o días, pero no hay un listado de nombres para analizar cuántos de esos indultados son presos políticos. La organización Prisoners Defenders, con sede en Madrid, calcula que hay 1.214 personas en esta situación en Cuba, es decir, que fueron encarceladas por expresar sus ideas o críticas hacia el Gobierno, que a su vez niega que en sus cárceles haya presos de conciencia. Esta opacidad permea todo el sistema, en el país con más condenas por detención arbitraria del mundo, según el dictamen de un grupo de trabajo de Naciones Unidas.












