No hay que volver a las clases universitarias de mediados del siglo XX, sino recuperar de ellas aquello que las hizo inmortales

Hace años que, en varias universidades, se optó por reducir el número de alumnos por aula, de manera que, en lugar de acoger a no menos de 100 estudiantes en cada clase, se pasó a tener unos 40, que a veces no son más de 20 y, en el mejor de los casos, unos 70, dependiendo de la asistencia. Se dijo, en su mome...

nto, que la docencia era más eficiente cuando se impartía a menos estudiantes, pudiendo tener un trato más personalizado por parte del profesorado.

Pues bien, no ha ocurrido exactamente así. Aunque siempre se dice lo contrario, cada nueva generación de estudiantes es intelectualmente más interesante que la anterior. Puede que no tengan exactamente los mismos conocimientos de cultura general que las generaciones pasadas, pero atesoran otros saberes que no poseen sus antiguos y, sobre todo, manejan otras destrezas. En los últimos años ha ganado mucho terreno la creatividad, la espontaneidad, la capacidad reivindicativa e incluso la atención. Esta afirmación puede extrañar sobremanera, hasta que se repara en que las redes les han dado a los jóvenes una mayor cantidad de información, que les permite establecer analogías. Además, han perdido la humillante sumisión al poder que hace que nuestra sociedad actual sea más igualitaria que la de 30 años atrás. Finalmente, jamás se había observado en una persona joven semejante capacidad de atención y de saber convivir con la soledad, cosa fácil de comprobar viéndoles con sus pantallas. Ese pantallismo se suele valorar como algo negativo (y, desde luego, puede serlo), pero también cabe pensar en cómo reconducir esa superior capacidad atencional adquirida, y de eso no se habla jamás. Por lo demás, los estudiantes cada vez son más conscientes de los enormes riesgos de manipulación y desinformación de las redes sociales, bastante más que muchos boomers, por cierto, ya que muchos de ellos se pasan el día viendo vídeos cortos en Facebook, Instagram o hasta en TikTok.