Cuando las clases están más llenas, las familias suelen hacer un mayor esfuerzo personal y económico para compensar, señala una investigación de EsadeEcPol
Bajar la ratio de estudiantes por clase, una demanda casi unánime del profesorado y de buena parte de las familias, no implica mejoras significativas en el aprendizaje. Aunque ello no quiere decir que no tenga efectos, según un estudio publicado este miércoles por EsadeEcPol. El trabajo, basado en datos de cientos de miles de estudiantes procedentes de registros ad...
ministrativos, pruebas estandarizadas y cuestionarios a docentes y directores de más de un millar de colegios de Primaria de la Comunidad de Madrid, muestra que reducir el tamaño de las clases reduce la disrupción en el aula, sobre todo en los centros con mayor conflictividad, mejora el bienestar del profesorado y disminuye el gasto de las familias en clases particulares, así como el tiempo que estas destinan a ayudar a sus hijos en tareas escolares.
Dicho de otra forma: las clases más llenas parecen inducir a los progenitores a hacer un mayor esfuerzo para compensar la situación en la escuela, lo que podría enmascarar el beneficio en el rendimiento que tiene bajar la ratio. La investigación señala, sin embargo, que la intensidad de estos y otros efectos positivos detectados resultan moderados o bajos. Demasiado poco, considera el autor, José Montalbán, investigador asociado de EsadeEcPol y profesor del Instituto Sueco de Investigación Social (SOFI) de Estocolmo, para justificar una bajada general de ratios, que es “una de las políticas más caras en educación”, dado que implica contratar a más docentes (sus salarios representan en torno al 70% del presupuesto educativo) y, en ciertos casos, abrir más aulas. La evidencia disponible, añade Montalbán, apunta que hay medidas con “un mayor beneficio en términos de aprendizaje y un coste más bajo”, como las tutorías individualizadas en grupos pequeños o las intervenciones tempranas con el alumnado en Educación Infantil.






