Peyvand Naeimi, capturado en enero durante las manifestaciones contra el régimen, ha sido sometido a ejecuciones simuladas y tortura y forma parte de una religión perseguida desde la fundación de la República Islámica en 1979

La Comunidad Internacional Bahaí (BIC) libra una batalla contra el reloj para salvar la vida a Peyvand Naeimi, un joven iraní de 30 años que, según denuncian, ha sufrido al menos dos simulacros de ejecución y toda clase de torturas en un centro de detención de la Guardia Revolucionaria Islámica. El joven bahaí fue capturado el 8 de enero, en ...

el marco de las protestas contra el régimen que fueron duramente reprimidas. Simin Fahandej, representante de la Comunidad Internacional Bahaí ante Naciones Unidas en Ginebra alerta, en una llamada con EL PAÍS, de que Naeimi “corre el peligro de ser ejecutado en cualquier momento”. Eurodiputados, la delegación de EE UU en la ONU y hasta celebridades han exigido la liberación del joven que trabaja como adiestrador canino.

Naeimi, asegura el BIC y su familia, no participaba de la rebelión civil. Pero sí forma parte de una minoría religiosa que es perseguida, desde 1979, en la República Islámica, como lo han documentado Human Rights Watch, Amnistía Internacional y un relator especial de la ONU. El bahaísmo es una religión monoteísta que tiene más de siete millones de fieles en todo el mundo y que nació en el siglo XIX en Persia. En Irán, hay al menos 300.000 bahaíes y, según un informe del antiguo relator especial para ese país, al menos 200 han sido ejecutados por motivos religiosos.