La República Islámica no ha traído la liberación de los iraníes, sino que les ha ido exigiendo sacrificios cada vez mayores en aras de una resistencia quijotesca contra la hegemonía occidental
La ideología de la República Islámica de Irán se suele calificar, erróneamente, como reaccionaria o ultraconservadora. El islamismo iraní, sin embargo, es fruto de una amalgama ideológica alejada del conservadurismo o tradicionalismo. Se trata de una reinterpretación política, impregnada de una retórica marxista, de las creencias y tradiciones del chiismo duodecimano. Una
" title="https://elpais.com/sociedad/2013/09/15/actualidad/1379275901_142314.html" data-link-track-dtm=""> “Teología de la Liberación” islámica.
El Occidente liberal, capitalista y secular heredero de la Ilustración, era visto por los revolucionarios iraníes que triunfaron en 1979 como una amenaza para la cultura y la religión de su país. Desde su perspectiva, la explotación económica y la dominación política occidental iban precedidas de un imperialismo cultural basado en las pretensiones de normatividad y universalidad de las ideas y valores occidentales. En los años sesenta y setenta del siglo pasado, varios intelectuales como Ahmad Fardid, Yalal Al-e Ahmad o Alí Shariatí, acuñaron y popularizaron términos como amrikazadegi (americanosis, la intoxicación cultural estadounidense), gharbzadagi (occidentosis, la intoxicación cultural occidental), mashinzadegi (mecanosis, el culto a la máquina y la tecnología) o fokoli (apelativo despectivo para los urbanitas occidentalizados, vistos como quintacolumnistas del imperialismo cultural occidental).






