El giro en la política comercial de Estados Unidos deja ganadores y perdedores: las familias estadounidenses soportan el gasto; la economía resiste mientras se reordenan las alianzas globales
En una época en la que abundan los hechos históricos, no hay muchas fechas que queden impresas en los anales. El 2 de abril de 2025 es uno de ellos. Ese día Donald Trump sacudió el tablero geopolítico mundial, cambió las reglas comerciales construidas a través de cuidadas relaciones diplomáticas desde la Segunda Guerra Mundial y provocó un cambio en las cadenas de suministro globales. El presidente de los Estados Unidos zarandeó al planeta con
4-02/trump-declara-la-guerra-comercial-al-mundo-con-aranceles-minimos-del-10-y-tasas-mayores-a-sus-principales-socios-comerciales.html" data-link-track-dtm="">aranceles generalizados del 10% y de hasta el 50% para aquellos países con los que Estados Unidos mantuviera un mayor déficit comercial. “Nuestro país ha sido saqueado, expoliado, violado y robado”, lanzó el republicano para justificar el giro comercial. El bautizado como Día de la Liberación cambió el mundo, pero no como el líder de la primera potencia mundial esperaba.
Con toda la parafernalia del estilo trumpiano, en la rosaleda de la Casa Blanca, mostrando un rudimentario cartel de cartón, el mandatario republicano anunció el cambio de paradigma comercial para elevar los aranceles al mayor nivel desde 1939. Junto a él estaba Brian Pannebecke, un trabajador jubilado del sector de la automoción: “Durante toda mi vida he visto cerrar planta tras planta en Detroit”, dijo este activista republicano, ataviado con un chaleco amarillo, un bigote largo de personaje de lucha libre y una gorra en la que se podía leer Trump. “Apoyamos al 100% las políticas arancelarias del presidente”, proclamó desde el jardín de la Casa Blanca. “Le estamos profundamente agradecidos y en seis meses o un año empezaremos a ver los beneficios”, aseguró.







