Explican que los socios comerciales ya han buscado nuevos aliados a la vista de la visión del presidente estadounidense

¿Cuál es el verdadero Día de la Liberación? ¿El 2 de abril cuando Donald Trump aprobó los aranceles recíprocos o el viernes 20 de febrero que los anuló el Tribunal Supremo? El problema de abusar de la grandilocuencia o la exageración es que la realidad acaba poniendo todo en su sitio. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha señalado en varias ocasiones que los aranceles son una cuestión “de vida o muerte”. Pero el Tribunal Supremo de Estados Unidos no llega a tanto. En una sentencia dictada este viernes ha anulado los aranceles porque considera que el presidente no puede basarse en una ley para emergencias de 1977 (IEEPA, en sus siglas en inglés) para saltarse el control del Congreso con el fin de aprobar los gravámenes comerciales.

“Con el fallo, la Corte Suprema “le dijo al presidente que el pilar central de su agenda económica internacional era inconstitucional”, señala Josh Lipsky, presidente de Economía Internacional en el Atlantic Council.

La decisión del Supremo ha caído como un jarro de agua fría en la Casa Blanca. El viernes por la mañana a primera hora, el mandatario estadounidense mantenía una reunión con gobernadores de su partido cuando un asistente se le acercó con un papel. “Entonces, eso es que hemos perdido”, dijo Trump cariacontecido. El presidente furioso acortó la reunión e improvisó una reunión de urgencia con sus asesores más próximos en el Despacho Oval. Allí plantearon los pasos a seguir para evitar que el principal eje de su política económica, el que le permite rebajar los impuestos a las empresas y aumentar el gasto militar y contra la inmigración haga aguas. Así que tres horas más tarde de que el Alto Tribunal dictara su opinión, Trump anunció que establecerá un arancel universal del 10% bajo el amparo de la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974. Pero la medida deberá aprobarla el Congreso en el plazo de cinco meses.