El número de centros en Cataluña se ha duplicado en dos décadas y en Barcelona ya se acerca al de los espacios de culto católicos

Cataluña vive una transformación demográfica que también está reconfigurando su mapa religioso. En las últimas dos décadas, el número de iglesias evangélicas ha pasado de 341 en 2004 a 894 en ...

2025. Solo en Barcelona, estos centros están a punto de igualar a las iglesias católicas, 208 frente a 225. El conjunto, que incluye iglesias del movimiento pentecostal y neopentecostal, no es homogéneo, pero comparten patrones similares: la centralidad de la teología de la prosperidad, posiciones conservadoras en cuestiones como el aborto o las identidades sexuales y la figura de un líder carismático como central para la apertura de nuevos centros, un proceso que en Cataluña no suele presentar grandes obstáculos. “Son iglesias cuya fuerza motora es la población migrante latina, espacios que proporcionan un tejido social importante durante todo el proceso migratorio”, afirma Antonio Montañés Jiménez, doctor en Antropología de la religión por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) e investigador afiliado a la Universidad de Oxford.

La presencia de iglesias evangélicas en Cataluña no es nueva. El protestantismo clásico comenzó a implantarse en España ya en el siglo XIX y, como explica Montañés, durante gran parte del siglo XX tuvieron una dimensión social muy reducida. “A finales de los años 80 y 90 hubo una epidemia de heroína que marcó a toda la sociedad española, y algunos movimientos evangélicos empezaron a florecer”, señala. Apoyados en una lógica de comunidad y hermandad, los centros terapéuticos vinculados a estas iglesias constituyeron uno de los primeros vectores de expansión pero aún muy incipiente. “El verdadero auge llega a partir de los 2000, con la llegada de población latinoamericana y, con ella, de misioneros y pastores - nombre dado al líder espiritual de una congregación - que empiezan a llenar sus iglesias”, añade.