La líder opositora se mueve en el exilio entre los que priorizan la estabilidad en Venezuela y creen que ella podría ponerla en riesgo, y aquellos que apuestan por una transición democrática con ella al frente
Como en una de esas películas experimentales que en los años setenta abusaban de la técnica de la pantalla partida, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y la líder opositora y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, hablaron la semana pasada en Estados Unidos con unas pocas horas de diferencia. La primera lo hizo en Miami, en un foro de inversión auspiciado por el fondo soberano de Arabia Saudí. La segunda, en Houston, en una influyente conferencia mundial sobre la industria energética.
Rodríguez, sujeta aún a sanciones por el Tesoro de Estados Unidos, participó por videoconferencia. Una visita suya al país que capturó el pasado 3 de enero a su jefe, Nicolás Maduro, pareció a última hora improbable. Machado, que lleva unos meses haciendo lobby en Estados Unidos, acudió en persona a Texas y se dio un baño de masas ante centenares de personas, entre ellos muchos venezolanos en el exilio.
La coincidencia habló de hasta qué punto el futuro de Venezuela se decide más en Washington que en Caracas, y de cómo ese futuro se articula en torno a dos prioridades que no necesariamente coinciden: la estabilidad que busca la Casa Blanca y la transición democrática que reclama la oposición. Y en ese cruce de intereses se mueve María Corina Machado.






