Los antichavistas disienten en los tiempos y la profundidad de las reformas antes de unas elecciones. María Corina Machado lidera la esperanza del cambio, pero Washington no termina de apostar por ella
Si el opositor Leopoldo López, que pasó más de cinco años entre la prisión de Ramo Verde y el arresto domiciliario, tuviera que resumir el paso de María Corina Machado por Madrid, lo contaría “como una gran demostración de la fuerza que tiene la Venezuela que exige la salida del chavismo del poder”. Y si tuviera que elegir una frase, sería la que ella misma pronunció el pasado lunes durante...
un desayuno con empresarios: la de liderar “una gran alianza nacional que trasciende ideologías y posiciones doctrinarias”. En el fondo, lo que defienden López y Machado es lo que defienden todos los que quieren ver al chavismo fuera del Palacio de Miraflores. Pero en la Venezuela sin Nicolás Maduro, la forma sigue dividiendo a los opositores.
En Venezuela y en el exilio, todos quieren elecciones libres, pero divergen en el cuándo. Todos quieren ver a los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez fuera del poder, pero tampoco están de acuerdo en cómo sacarlos de allí. Todos quieren reformas, aunque no terminan de coincidir en su profundidad, ni en quién debería liderarlas.






