Los dirigentes antichavistas, con María Corina Machado a la cabeza, encajan el desplante de Trump y se preparan para reivindicar un espacio en una larga transición

La inmensa mayoría de la oposición venezolana no tiene dudas: la transición hacia una democracia comenzó la madrugada del sábado tras conocerse la incursión militar de Estados Unidos en Caracas y la captura de Nicolás Maduro. El horizonte, sin embargo, se ensombreció con el paso de las horas y los principales dirigentes antichavistas, con María Corina Machado a la cabeza, adaptaron sus prioridades al desplante de Donald Trump. Si la primera reacción de la cúpula de las fuerzas opositoras fue su disposición a sustituir de manera inmediata a los cuadros chavistas, el baño de realidad impuesto por el mandatario republicano al elegir a Delcy Rodríguez acabó redefiniendo su estrategia. Lo primordial ya no es asumir el poder, sino volver a Venezuela.

El regreso no representa solo una condición mínima para empezar un cambio de ciclo, aun bajo la tutela de la Casa Blanca, sino una necesidad política urgente para la oposición en el exilio. Y hoy, como también ha recalcado el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, no quedan en Caracas líderes de primera línea de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD). Machado, forzada a vivir en la clandestinidad para evadir la persecución del régimen, salió hace casi un mes para recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo y antes del ataque de la Delta Force estaba esperando el momento oportuno para volver. Ahora no oculta que su intención es “regresar lo antes posible”, según afirmó el sábado en la cadena conservadora Fox News, el medio que eligió para dar su primera entrevista desde la captura del mandatario bolivariano y dirigirse a los votantes de Trump.