John Berger, un crítico que pintaba, un pintor que escribía, un escritor que miraba, habría cumplido cien años este 2026

Este año habrías cumplido cien años, John, y no sé cómo hacer esto. No sé cómo rendir homenaje a alguien que ya no está cuando esa persona era, de un modo inexplicable, la prueba de que tú misma existías....

Empezaré por el principio, que no es el principio.

Nevaba en Berlín cuando supe que habías muerto. Una nieve tonta, de las que caen sin convicción y se deshacen antes de tocar el suelo. Enero de 2017, y tú te ibas con nieve. Pensé que era una crueldad innecesaria por parte del universo, esa nieve. Y desde entonces, cada vez que nieva en cualquier ciudad del mundo en la que me encuentre —y he estado en muchas, y ha nevado en muchas— te busco entre los copos. No de manera mística o desesperada sino con el convencimiento firme que, de algún modo estás ahí.

Eras un crítico que pintaba. O un pintor que escribía. O un escritor que miraba. Las cuatro cosas a la vez, que es lo más difícil del mundo y lo más necesario. Tenías esa extraña capacidad de convertir una idea en imagen y una imagen en argumento ético. Cuando escribías sobre los campesinos de los Alpes, sobre Azdak, sobre los trabajadores migrantes que mandan dinero a casa desde ciudades que nunca serán verdaderamente suyas, no te limitabas a nombrarlos: los dibujabas en palabras hasta que aparecían en la habitación, entre nosotros, reclamando su lugar. G. La trilogía De sus fatigas. El séptimo hombre. Libros que no son meros libros sino intervenciones en el mundo real.