El arquitecto valenciano recibe, en Roma, el galardón que reconoce a los clásicos contemporáneos

El futuro sin prescindir del conocimiento de la memoria. Eso premia el Piranesi Prix de Rome, que establece un vínculo entre quienes construyen el presente y quienes lo hicieron en el pasado. Este año, el valenciano Manuel Portaceli (84 años) ha recogido el galardón en la ciudad eterna, en una ceremonia que destacó el equilibrio entre la estabilidad y el cambio en el autor de las rehabilitaciones de las

-02/las-atarazanas-de-sevilla-reabren-al-publico-para-servir-de-puente-entre-espana-e-hispanoamerica.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/cultura/2025-10-02/las-atarazanas-de-sevilla-reabren-al-publico-para-servir-de-puente-entre-espana-e-hispanoamerica.html" data-link-track-dtm="">Atarazanas del Grao de Valencia, del Teatro Romano de Sagunto (con Giorgio Grassi) del Palacio Borja de los Duques de Gandía (Valencia) o del Almudín de Xátiva.

Portaceli se formó como arquitecto en la Escuela de Barcelona, atendiendo a tres factores: la modernidad y su domesticación regional —de la mano de José Antonio Coderch—, la internacionalización de una arquitectura capaz de mantener vínculos con el lugar —de la mano de Oriol Bohigas y la conexión italiana de Vittorio Grefotti, Franco Albini o Ignazio Gardella— y la capacidad de observar detalles de Federico Correa. Su marco era más de revistas, como Domus, que de libros académicos. Por eso, poco antes de la ceremonia de entrega del premio en Roma, Portaceli contó, al Corriere della Sera, un viaje a Milán en un Fiat 600, “para hacer de Italia un lugar de aprendizaje”.