El profesor y escritor barcelonés ‘rescata’ su libro ‘El Quattrocento. Arte y cultura del Renacimiento italiano’, escrito hace 43 años, y establece -desde el ayer- un diagnóstico poco halagüeño sobre el mundo de hoy.

Renegar del pasado reciente (la época tardomedieval y el gótico) y apostar por un retorno a la Antigüedad clásica (Grecia y Roma) —y todo ello con el único objetivo de una nueva modernidad— fue una vasta misión a la que se arriesgaron los renacentistas del Quattrocento. Un momento, aquel del siglo XV italiano, extraño en la historia del hombre, extraño por contradictorio, por complejo, por genial. Hace ya más de cuatro décadas que el profesor, ensayista, novelista y poeta

aelargullol.com/" target="_self" rel="" title="https://rafaelargullol.com/" data-link-track-dtm="">Rafael Argullol (Barcelona, 76 años) retrató en El Quattrocento. Arte y cultura del Renacimiento italiano la aventura de aquellas mentes pensantes y hacientes cuyo epicentro se llamó Florencia, la Florencia de los Médici. Fue la época de los Donatello, Brunelleschi, Verrocchio, Masaccio, Botticelli, Della Francesca…, por supuesto Leonardo como colofón y Rafael y Miguel Ángel como genial epílogo. Herederos todos ellos de los viejos maestros Cimabue, Duccio y Giotto y de las ideas y las letras de Dante y Petrarca.