Los edificios finalistas al Mies van der Rohe, que se fallará el 16 de abril, ponen al día la tradición para convertirla en más sostenible, accesible y social

La nueva arquitectura europea no es vieja, pero sí madura. Lejos de momificar las formas del pasado, las recupera. Y las actualiza. Así, respeta los volúmenes, repara los materiales y pone al día la tradición para convertirla en más sostenible, accesible y social. Esto es: más útil, menos irresponsable y más lógica. Los cinco finalistas al Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea Mies van der Rohe, que se han dado a conocer este jueves, así lo ilustran: la mejor arquitectura debe ser una respu...

esta social, un lugar de encuentro, aprendizaje y vida de los ciudadanos. El 16 de abril se anunciará cuál de estos proyectos se considera la mejor arquitectura europea de los últimos dos años.

Una antigua fábrica textil convertida en centro inclusivo en Terrassa (Barcelona), un depósito ferroviario del siglo XIX transformado en taller para la investigación de productos locales en Arlés (Francia) y un centro de convenciones de los años cincuenta en Charleroi (Bélgica) que ahora es espacio público ilustran otra manera de construir. Pero también lo hace la obra nueva. Un centro deportivo en Bretaña lleva el nombre de la bailarina Josephine Baker y la atleta Marie-José Perec y una cubierta junto al puerto de Dubrovnik cobija un mercado ambulante con un ingenioso mecanismo que adapta sus vigas a las condiciones climáticas. Estas intervenciones finalistas demuestran que la radicalidad y la innovación no están reñidas con la sensibilidad hacia el contexto. También que hay una responsabilidad en reparar, en lugar de despreciar, lo obsoleto.