La película ‘Soñando con leones’ mezcla comedia negra, absurdo y emoción para abordar un tema delicado: la libertad individual y el derecho a decidir sobre el final de la vida
“Mi padre quería la eutanasia”, cuenta el director de cine Paolo Marinou-Blanco (Nueva York, 43 años). “Deseaba irse lo más pronto posible, sin pasar meses enfermo”, pero no tuvo acceso a ella. “Durante ese largo proceso”, recuerda, “mantuvo un sentido del humor muy seco y sarcástico”. Con esa mirada, Marinou-Blanco realizó Soñando con leones, una película que mezcla comedia negra, absurdo y emoción para abordar un tema delicado: la libertad individual y el derecho a decidir sobre el final de la vida. “Siempre vi la risa y la ironía com...
o un acto de coraje, de resistencia” frente a la muerte. En su caso, esa actitud hizo que la pérdida de su padre fuera más superable, de algún modo.
La película sigue a Gilda, una mujer con una enfermedad terminal cuyo mayor deseo es morir sin dolor. Tras varios intentos fallidos de suicidio, recurre a una empresa clandestina que ofrece “entrenamiento” para morir dignamente. A partir de esa premisa, Marinou-Blanco construye una tragicomedia de tintes surrealistas que aborda la eutanasia desde el humor incómodo y la provocación directa al espectador, al que interpela rompiendo la cuarta pared: “Quería que el público pensase en estas cuestiones sin poder escapar”, explica el director, que defiende afrontar la muerte “con honestidad y humor” como una forma de coraje.










