La autora y directora vasca estrena dos obras en Madrid, una sobre la pérdida de una madre y otra sobre el “buen morir” de un padre
Quizás fue con el nacimiento de su hija —va a hacer ahora seis años— cuando María Goiricelaya, dramaturga y directora bilbaína de 43 años, empezó a tener otros miedos. Y ese sentimiento de verse inmortal, casi eternamente joven, empezó a resquebrajarse. Su teatro así lo constata. Dos espectáculos suyos coinciden estos días en los escenarios de Madrid en torno a la muerte y los temores y silencios que la rodean. Tres noches en Ítaca, escrita ...
por Alberto Conejero, se adentra en el duelo de tres hijas adultas ante la inesperada muerte de la madre en una isla griega. Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán, escrita por la propia Goiricelaya, muestra cómo el acompañamiento en ese camino hacia la muerte y el buen morir de un padre puede y debe ser en paz.
“¿Por qué vivimos como si la muerte no fuera a pasar? Quiero aprender a vivir y para eso necesito aprender a morir. La conciencia de la muerte nos ayuda a definir cómo queremos vivir”, asegura Goiricelaya en un encuentro con este periódico. Tres noches en Ítaca, protagonizada por Marta Nieto, Cecilia Freire y Amaia Lizarralde, se representa en Nave 10 Matadero hasta el 8 de marzo. Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán, con Ane Pikaza y Patxo Telleria, entre otros, se estrenó la temporada pasada en el teatro Arriaga de Bilbao y ahora recala en el Teatro de la Abadía de Madrid del 19 de febrero al 8 de marzo.






