EE UU lleva 10 años trabajando con el sector privado para desarrollar mayores capacidades bélicas con el uso de IA. Irán es ahora el banco de pruebas de esa colaboración
EE UU ha tomado medidas drásticas que podrían terminar alterando el futuro de la guerra impulsada por inteligencia artificial (IA). Justo después de las cinco de la tarde del 27 de febrero, la Administración de Donald Trump declaró que Anthropic, la start-up de IA valorada en 380.000 millones de dólares, era un riesg...
o para la cadena de suministro. Además de fabricar chatbots y herramientas de codificación para el consumidor, Anthropic tenía contratos importantes para proporcionar servicios de IA al ejército. Esa relación se había deteriorado cuando la empresa se negó a permitir que su tecnología Claude ayudara a habilitar la vigilancia ciudadana masiva o armas totalmente autónomas. Con esta medida, la Administración incluyó en su lista negra a una de las start-ups tecnológicas más prometedoras del país, como si de una empresa dirigida por el ejercito chino se tratase. El presidente Trump también ridiculizó a Anthropic en las redes sociales.
Unas ocho horas después, Estados Unidos bombardeó Irán. La campaña no fue exactamente la guerra robótica a la que se oponía Anthropic, pero hay indicios de que ese futuro podría estar acercándose rápidamente. Utilizando un sistema de control de misiones con inteligencia artificial llamado Maven Smart System, EE UU atacó 1.000 objetivos en las primeras 24 horas de la guerra, aproximadamente el doble que en la guerra de Irak en 2003. En 10 días, había alcanzado 5.000 objetivos, según el Comando Central de Estados Unidos (Centcom).







