Los algoritmos que usa Estados Unidos para identificar y eliminar blancos militares funcionan a una velocidad que desafía la capacidad humana para procesar los datos
El tiempo que se tarda en leer esta frase le basta a un sistema de inteligencia artificial (IA) para resumir miles de datos de espionaje recabados durante décadas: sesudos informes, fotos de satélites y de drones, antenas de GPS, cámaras de tráfico intervenidas, mensajes de WhatsApp y de correo electrónico… Con todo ello, el sistema puede marcar un punto en la pantalla con dos palabras: “Objetivo prioritario”. Un comandante estadounidense o israelí solo tendría que validar la orden para
rget="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-03-19/del-lider-supremo-a-los-jefes-de-seguridad-y-del-programa-nuclear-los-lideres-iranies-que-ee-uu-e-israel-han-matado-en-casi-tres-semanas-de-guerra.html" data-link-track-dtm="">bombardear cualquier objetivo en Irán. La doctrina militar exige una “cadena de ataque” (en inglés se conoce como kill chain) supervisada por humanos. Pero la velocidad y la avalancha de información que proporciona la IA es de tal magnitud que varios expertos en el sector temen que el ser humano se haya convertido ya en un mero firmante de ejecuciones.






