El grupo de la cosmética y perfumería ha perdido un 80% de su valor y está en pleno proceso de reestructuración para reanimar un negocio en retroceso
Estée Lauder basó su éxito en la perseverancia, según escribió en sus memorias. Nacida en 1908 como Josephine Esther Mentzer en Queens (Nueva York), construyó un imperio de la cosmética gracias a que heredó la pasión de su madre por las cremas y las rutinas de belleza y el ingenio de su tío John Schotz, un químico que se entretenía experimentando con pociones y cremas en la estufa de la cocina familiar.
Ochenta años después, el grupo que fundó Estée negocia su fusión con Puig, la multinacional española de belleza, en un momento clave para el grupo cosmético estadounidense que busca una segunda juventud tras perder casi el 80% de su valor bursátil en los últimos cinco años debido a la caída de ventas y rentabilidad. El grupo, con marcas como Clinique, Mac, Origins, Bobbi Brown o La Mer, no ha logrado sobreponerse a las secuelas de la pandemia y al retraimiento del mercado asiático y, sobre todo, chino.
Tras cambiar parte de su estructura ejecutiva a principios del año pasado y lanzar un agresivo plan de reestructuración, la histórica compañía de belleza comienza a vislumbrar los resultados y se muestra dispuesta para seguir creciendo.















