La operación que están negociando las dos compañías de la perfumería entronca con el proceso de profesionalización de la empresa familiar
En Puig hay dos genes que han conformado desde el inicio el ADN de esta empresa catalana de perfumería, moda y maquillaje. Uno es el gen de empresa familiar: mirada larga, pensar siempre en el legado a la siguiente generación, construcción de un proyecto perdurable. El otro es el gen de empresa cotizada, que Puig ya tenía incluso antes de su salida
a-link-track-dtm="">a Bolsa en mayo de 2024: gestión profesional, frialdad y racionalidad en las decisiones, rendición de cuentas. En el nuevo salto que enfrenta ahora la familia Puig, los dos genes se vuelven a dar la mano. La posible fusión con Estée Lauder, cuyas negociaciones ambas compañías han confirmado, no es solo una operación corporativa para ganar tamaño y competir con los más grandes del sector; también es una manera de situar el proyecto familiar en una nueva dimensión después de muchos años marcados por el proceso de profesionalización de esta compañía, en el que la cuarta generación de los Puig tiene muy asumido que no tendrá ningún rol ejecutivo.
El presidente ejecutivo de Puig, Marc Puig, tiene presente este impulso que da la familia. Fue presidente del Instituto de la Empresa Familiar entre 2020 y 2022, y como tal, en una entrevista con EL PAÍS, reflexionaba sobre el mito de que las compañías familiares se deshacen en la tercera generación. “Está muy extendida la idea de que las empresas familiares duran tres generaciones, y eso es así porque las transiciones son muy lentas, mientras que en la empresa cotizada son cada cinco o siete años. Una empresa familiar puede ser un referente para estudiar las transiciones”, señalaba entonces. Él forma parte precisamente de la tercera generación: la primera, la de su abuelo Antonio Puig, fue la del emprendedor que supo ver una oportunidad, en plena autarquía franquista, de crear la mítica Agua de Lavanda ante la imposibilidad de importar mercancía de fuera; la segunda generación, la de su padre Mariano y sus tíos Antonio, José María y Enrique, fue la de la expansión internacional; y la tercera, la suya, ha sido la del aumento del tamaño empresarial y la de la salida a Bolsa, la primera vez que la familia abría el capital.









