Los ataques de los críticos hacen hincapié en que el conglomerado empresarial Méndez-Monasterio y Ariza se lucra con las subvenciones públicas que recibe el partido
Las dentelladas de los críticos de Vox a Santiago Abascal ponen de manifiesto la profundidad de la primera gran crisis interna de la formación ultra. Son a degüello, sin concesiones, ráfagas que golpean en lo político y en lo personal a un dirigente al que dibujan como un mero títere de dos personajes que permanecen en la sombra y que serían en la práctica quienes definen la estrategia del partido: Kiko Méndez Monasterio y Gabriel Ariza....
El primero pasa por ser el principal asesor de Abascal y en su currículum consta una condena por haber agredido en 1998 a Pablo Iglesias cuando este retiró unos carteles de apoyo al dictador Pinochet en la Facultad de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. El segundo es hijo de Julio Ariza, un empresario aventurero de medios de comunicación de una derecha extrema que fue condenado por su gestión de Intereconomía Televisión.
Los ataques de los críticos hacen hincapié en que el conglomerado empresarial de Méndez-Monasterio y Ariza se lucra con las subvenciones públicas que recibe Vox como principales proveedores de los servicios informáticos, editoriales y de consultoría del partido. La dinamita de la legión de descontentos alcanza también a las sospechas que han extendido sobre los lazos financieros de Vox con la Hungría de Viktor Orbán o con el Gobierno de Benjamín Netanyahu.







