El presidente de Vox, Santiago Abascal, en una imagen de archivo. EFE/Raúl Sanchidrián

Madrid (EFE).- Las disputas internas apaciguadas una y otra vez por la dirección nacional de Vox con el respaldo inequívoco de la mayoría de la militancia han comenzado a emerger con fuerza tras el conflicto abierto entre Santiago Abascal y Javier Ortega Smith.

Quienes fueran inseparables en los inicios del partido se han embarcado en una guerra cainita justo en el mejor momento electoral de Vox, refrendado en las urnas en Extremadura, Aragón y Castilla y León, con subidas continuadas hasta rozar en la última comunidad el apoyo del 19 % de los votantes, el más alto de su trayectoria.

Abascal como presidente trata de mantener su control absoluto y Ortega Smith intenta cambiar el rumbo antidemocrático hacia el que, según denuncia, ha virado la formación.

Despojado de prácticamente todos sus cargos públicos – solo mantiene los de diputado nacional y concejal en Madrid, que no dependen del partido-, el que fuera secretario general hasta 2022 se ha lanzado contra la cúpula.