A la SEPI le ha salido el tiro por la culata en Indra: no habrá fusión con EM&E, la acción se descalabra y el presidente sigue por ahora en su puesto
Este artículo forma parte de la newsletter semanal La selección del director de Cinco Días. Puede apuntarse en este enlace....
Tenemos el mundo en llamas, Europa se ve empujada a acelerar con el rearme y España se enreda en torno al único plan que estaba a la vista para reforzar su industria de defensa. El contexto geopolítico, o mejor dicho el caos global, carga de razones a los que advierten de la urgencia de construir capacidades militares europeas. ¿Cómo se hace eso? Con una industria militar propia. Porque la otra opción sería lamentable: destinar el aumento del gasto militar, comprometido bajo presión de Donald Trump, a comprar materiales a EE UU. No resultaría aceptable cuando el mismo Trump desprecia a sus históricos aliados, pone en cuestión la protección de Europa en la OTAN, agrava todos los conflictos mundiales sin contar con nadie y señala con el dedo a quien, como España, evita comprometerse a disparar el gasto en defensa al 5% del PIB, desde el 2% actual, en diez años.
Gaste el 2% o el 5%, España necesita una industria de defensa robusta, y llega muy tarde a una tarea ya resuelta por los grandes países europeos. Alemania cuenta con Rheinmetall; Italia, con Leonardo; Francia, con Thales; el Reino Unido, con BAE Systems. Solo en el campo de la aviación se cuenta con un gigante transeuropeo: Airbus, que debería ser un ejemplo para otros sectores, pero ha quedado como una sonora excepción.









