El cocinero José Miguel Marín consolida su apuesta en el restaurante de la piscina municipal de Istán, cerca de Marbella, a partir de las recetas renovadas de su abuela
Criado en una familia humilde, hay una anécdota que resume el carácter y la confianza en sí mismo que ha marcado la carrera del chef malagueño José Miguel Marín. Ocurrió hace algo más de una década. Llevaba apenas un mes de trabajo en el hotel de lujo marbellí Villa Padierna, cuando el entonces director se quejó un día “de muy malos modos” de que alguien había aparcado un viejo Seat Ibiza lleno de bollos en la puerta del establecimiento. Marín levantó la mano: era el suyo y estaba ahí porque había llegado el primero a trabajar. El responsable se lo recriminó y le ordenó que lo cambiara de lugar porque daba mala imagen. El entonces jovencísimo cocinero lo hizo y, después, se le acercó. “Le di...
je que no tenía dinero para un coche mejor ni para arreglar los golpes tras sufrir un accidente. Y que la próxima vez me hablara con educación y no me dejara en ridículo ante mis compañeros”, recuerda. “Ese mismo día fui despedido”, señala quien hoy triunfa en el restaurante Raíces, un proyecto propio basado en los sabores andaluces que ha supuesto la vuelta al pueblo de sus abuelos. “Hay mucha cocina tradicional que se está perdiendo. Si las alubias escasearan como el caviar, la gente pagaría mucho más por ellas”, subraya.






