El secretario del Consejo de Seguridad Nacional, a quien Israel asegura haber matado, desempeñó un papel clave en el acuerdo nuclear y la represión de las protestas
La República Islámica ha perdido, con la muerte de Ali Larijaní en medio de una operación que el ejército israelí se atribuye, a una de las figuras clave y más influyentes de la política y la seguridad iraní en las últimas cuatro décadas. El secretario del Consejo de Seguridad Nacional fue un símbolo de la compleja interacción entre poder, familia e ideología en Irán; un político que, apoyándose en su experiencia militar, el nepotismo y su pragmatismo, logró consolidar una posición singular en la compleja estructura del poder iraní y convertirse en un actor central en los momentos decisivos del país.
Ali Ardeshir Larijaní nació el 3 de junio de 1958 en Nayaf, Irak. Procedía de una familia clerical chií originaria de la región de Lariján, en Amol, al norte de Irán, a orillas del mar Caspio. Su padre, Mirza Hashem Amolí, fue un clérigo de relevancia. Larijaní tuvo cuatro hermanos ―todos ellos con trayectorias en altos cargos políticos, judiciales y de seguridad― que han desempeñado papeles destacados en la estructura del poder iraní. Sus matrimonios con hijas de influyentes clérigos contribuyeron a consolidar la influencia de la familia en el sistema político, reforzando especialmente la posición de Larijaní. Él mismo era yerno de Morteza Motahari, destacado religioso y teórico de la revolución islámica, cercano a Ruhollah Jomeiní, fundador de la República Islámica.















