El general Hossein Salami, asesinado este viernes por Israel y desde 2019 máximo jefe de la Guardia de la Revolución Islámica de Irán, cuerpo de élite mejor dotado que el ejército, se ha convertido en el objetivo más alto del régimen de Teherán alcanzado por el Estado judío en la presente fase del conflicto. Ha perdido la vida en su cuartel general junto a varios de sus guardaespaldas en uno de los bombardeos llevados a cabo por Israel este viernes, según un comunicado de la propia Guardia Revolucionaria. En él, prometen una “firme venganza” al tiempo que responsabilizan de su muerte al Estado judío y a Estaos Unidos.

Su nombre aparece junto al de, al menos, dos científicos responsables del programa nuclear iraní como eran Mohammad-Mehdi Tehranchi, presidente de la Universidad Islámica Azad, y Fereydoun Abbasi, exjefe de la Organización de Energía Atómica de Irán. Todos han muerto, según fuentes oficiales iraníes, durante la ofensiva en diferentes regiones de Irán emprendida en la madrugada de este viernes por el ejército y los servicios secretos de Israel para, según han justificado, intentar frenar los avances en armamento nuclear del régimen de Teherán.

Salami era una de las voces más críticas en sus discursos contra Israel y Estados Unidos y era una de las cabezas visibles en la represión por parte del régimen de manifestaciones en las que los iraníes reclaman respeto por los derechos humanos. Las últimas declaraciones públicas del general, sancionado por Naciones Unidas y EE UU, en medio del conflicto han tenido lugar pocas horas antes de su muerte. Aseguraba que el cuerpo de la Guardia Revolucionaria está “totalmente preparado” y cuenta con una “estrategia militar” para “contrarrestar cualquier agresión”, según palabras recogidas el jueves por la agencia oficial Irna. El general advertía de que, en caso de que su país fuera atacado, Israel no tendrá enfrente a los “palestinos asediados e indefensos de Gaza”.