La máxima autoridad del país estaba considerado por gran parte de la población como un dictador que no dudó en dar la orden de disparar cada vez que salieron a la calle pidiendo mayores libertades
El ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán desde 1989, ha muerto en un bombardeo de su archienemigo Israel. Así lo afirmaron fuentes israelíes y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Tenía 86 años. Sus seguidores llorarán la desaparición del hombre que mantuvo la llama de la revolución que en 1979 acabó con la monarquía y transformó el país en una República Islámica. Para la mayoría de los iraníes, desaparece un dictador que no tuvo empacho en dar la orden de disparar cada vez que salieron a la calle pidiendo mayores libertades o denunciando penurias económicas, y a cuyo empeño nuclear responsabilizan del aislamiento internacional y de los bombardeos de EE UU e Israel. Quien le sustituya nunca alcanzará el mismo poder, dado el peso que durante su mandato han adquirido los militares de la Guardia Revolucionaria y la pérdida de legitimidad que ha experimentado el régimen islamista.
El viejo lema antimonárquico “marg bar diktator” (muerte al dictador) que los iraníes rescataron en 2009 (cuando se manifestaron contra el pucherazo electoral) y han repetido en cada protesta desde entonces, refleja no solo la polarización del país, sino el fracaso del máximo dirigente para tender puentes. A partir de entonces quedó en agua de borrajas la idea del líder supremo como árbitro entre las facciones que desde el nacimiento de la República Islámica competían por el control del Estado. Jameneí se alineó con los sectores más conservadores ante el riesgo de que dejar paso a los reformistas diera al traste con un sistema cuya estructura aparentemente democrática (elecciones, Parlamento) siempre estuvo constreñida por la supremacía de instituciones no electas como la del propio líder. La creciente represión durante sus 37 años en el poder ―era el autócrata más longevo de Oriente Próximo― ha dejado una oposición diezmada y con escasas posibilidades de plantear una alternativa viable en lo inmediato.














