El reino está desviando parte de su producción al mar Rojo, capaz en teoría de aliviar un 20% del flujo del Golfo, pero la ruta ya está saturada tras dos semanas de guerra

El caos se extiende con rapidez, como muestra el impacto de la guerra en Irán sobre la economía mundial. En el golfo Pérsico, por donde pasa cerca del 20% del petróleo y el gas que se consumen en el mundo, la Guardia Revolucionaria iraní hostiga a los petroleros a la salida de Ormuz, un paso de apenas 34 kilómetros de ancho en su punto más estrecho...

y ahora en el centro del repunte energético. Mientras tanto, al otro lado de la península arábiga, el mar Rojo vive otro tipo de colapso. El tráfico se acumula en el puerto saudí de Yanbu, donde al menos 27 petroleros permanecían fondeados el lunes, según datos de Bloomberg, más del doble de lo que suele recibir, en condiciones normales, en todo un mes.

“Yanbu es la única salida que permite al crudo saudí sortear el estrecho de Ormuz en los envíos por mar”, señala George Morris, analista de mercado de la plataforma de análisis marítimo Vortexa. El puerto saudí del mar Rojo, conectado con los campos petroleros del golfo Pérsico a través del oleoducto Este-Oeste, ha duplicado su carga a medida que se han desplomado las exportaciones desde los tres principales puertos del Golfo. El mayor de ellos, Ras Tanura, se vio incluso forzado a paralizar varios días las operaciones de refino tras un ataque iraní.