La cantante estrena en Lyon un concierto de espíritu teatral y pop que se centra en su nuevo disco sin renunciar al flamenco ni a los grandes éxitos de ‘Motomami’

Rosalía dio arranque este lunes por la noche en Lyon a la gira mundial de Lux con un espectáculo ambicioso, teatral y por momentos deslumbrante, que confirmó la magnitud del giro emprendido con su último disco. Llevar al directo un álbum tan sofisticado y maximalista, una obra construida sobre un sinfín de contrastes, instrumentos, idiomas, referencias y pulsiones, se anunciaba laborioso. La cantante catalana resolvió la prueba con autoridad en una primera cita que tuvo algo de ensayo general de lujo para un montaje ya muy sólido y armado, aunque todavía con alguna costura a la vista. Rosalía actuará en España de finales de marzo a mediados de abril, con cuatro conciertos en Madrid en plena Semana Santa y luego otros cuatro en Barcelona, antes de seguir girando por Europa, EE UU y Latinoamérica.

Rosalía había prometido un concierto muy distinto al de Motomami, capaz de combinar “experimentación, rigor y alegría”. Eso fue, a grandes rasgos, lo que se pudo ver en la LDLC Arena de la ciudad francesa, auditorio polivalente pegado al estadio del Olympique de Lyon. Lux llegó al escenario convertido en una ceremonia pop de inspiración clásica, que mira a la ópera, al ballet y al mundo del arte sin dejar de ser un gran espectáculo para las masas. También a la religión, aunque no en forma de la gran liturgia enfática que cabía esperar. Rosalía administró esos signos con más ligereza de la prevista: hubo santos, blanco conventual y símbolos de devoción, pero sin ahogar el concierto en solemnidad.