El número dos se impone al ruso en un doble desempate (7-6(6) y 7-6(4) y alza su sexto Masters 1000, su primer título del año
¿Crisis? ¿Alguien dijo crisis? Va y viene el tenis muy rápido, replanteando el escenario en márgenes muy cortos de tiempo y lo que ayer parecía oscuro, mustio y encallado, hoy reverdece y está iluminado. Paciente, Jannik Sinner repetía: “Confío en lo que estoy haciendo. Es cuestión de trabajo, de perfeccionar cosas y de respetar los periodos. Todo llegará”. Y así es. Después de algunas dudas, enraizadas fundamentalmente en el exterior, el número dos del mundo levanta los brazos y celebra triunfador, rodeado de confeti, la conquista de Indian Wells. Acontece tras un reñido desenlace en el que Daniil Medvedev, este Medvedev con gesto de no haber roto un plato, ha tensado la cuerda de principio a fin. Se decide la final al desempate: 7-6(6) y 7-6(4), en 1h 55m.
El de San Cándido, por tanto, se hace por primera vez con el trofeo californiano y cierra el círculo sobre pista dura en los Masters 1000. A sus 24 años ya posee los seis —previamente se hizo con Miami, Canadá, Cincinnati, Shanghái y París, mérito tan solo obtenido por Novak Djokovic y Roger Federer— y reacciona cuando la situación lo precisa. Nunca se perdió, sencillamente está experimentando. Probándose para ser mejor. Su primera dentellada del año viene acompañada de un señor mordisco en el ranking —recorta 1.000 puntos la renta de Carlos Alcaraz, ahora 2.150 por delante— y tras un arreón espectacular: al 0-4 del rival en el segundo tie-break le sucede una demoledora ráfaga de siete puntos. Por si alguien lo dudaba, aquí está él.







