Los éxitos de España, plata olímpica femenina y oro mundial masculino, impulsan un deporte en auge por su consumo rápido y el gancho entre la audiencia más joven

Ellas, plata olímpica. Ellos, oro mundial. Dos pelotazos recientes de la selección española han fortalecido el auge de un deporte con raíces tiernas pero que no para de crecer. El baloncesto 3x3 se multiplica alimentado por esas dos medallas inesperadas, el segundo puesto en el podio de los Juegos de París 2024 de Sandra Ygueravide, Vega Gimeno...

, Juana Camilión y Gracia Alonso, y el primero en el campeonato del mundo de 2025 de Carlos Martínez, Diego de Blas, Guim Expósito e Iván Aurrecoechea. Los dos cuartetos disputan este fin de semana en Bangkok la Champions Cup, una especie de Mundialito que reúne a los campeones mundiales y de cada continente y a las mejores selecciones del ranking de la FIBA (los hombres han llegado a semifinales).

El 3x3 es un relámpago. No hay descanso físico ni mental para los jugadores ni tregua para el espectador. El producto parece hecho a medida para el aficionado más joven, que demanda su dosis de comida rápida en lugar de muchas horas ante la pantalla. Aquí no hay ocasión de aburrirse ni de apartar la mirada para coger el móvil. Se juega en media pista, una sola canasta, tres contra tres a quien más puntos meta en 10 minutos, o gana el que antes llegue a 21. Posesiones de 12 segundos, tiros libres después de la sexta falta y dos más de posesión desde la décima. Los aciertos detrás de la línea de triple valen dos puntos. Por dentro, uno. En los tiempos muertos no interviene ningún entrenador, sino que son los jugadores quienes los piden y deciden la estrategia. Si hay prórroga, vence el conjunto que tiene dos puntos de ventaja.