Timothée Chalamet y Jessie Buckley son solo dos casos más de una larga lista de actores y actrices nominados al Oscar que, cuando creían acariciar la estatuilla, ven como una controversia, ya sea absurda o muy grave, se interpone en su camino
Cada año por estas fechas escuchamos que los Oscars han perdido relevancia, que no importan a nadie, que son un espectáculo fatuo de una industria decadente mirándose al ombligo. Frases hechas que se ven desmontadas cuando cualquier comentario de un nominado se convierte en titular que da la vuelta al mundo. ¿Por qué estamos debatiendo ahora mismo la relevancia del ballet y la ópera? Durante una charla para universitarios organizada por la CNN y Variety el pasado 21 de febrero, en la que compartía micro con el actor Matthew McConaughey, Thimotée Chalamet —en plena promoción de Marty Supreme, por la que está nominado a mejor actor— afirmó que no le gustaría trabajar en el ballet y la ópera porque son artes que hay que mantener con vida “aunque ya no le importen a nadie”.
Una boutade que no tardó en tener respuesta. La Met de Nueva York, la Ópera de París, la Scala de Milán, el Teatro Real de Madrid o el Liceu de Barcelona fueron algunos de los que afearon el comentario al actor, también estrellas de ambas artes y hasta el Saturday Night Live, que esta semana recordó que su película va sobre ping-pong y no es precisamente un deporte mayoritario.















