La guerra de Israel y EE UU contra los ayatolás pone al presidente turco en una cuerda floja como nunca ha visto en sus más de 20 años en el poder

Recep Tayyip Erdogan lleva más de dos décadas perfeccionando el arte de la ambigüedad estratégica. Pero la guerra contra Irán lo ha situado en una cuerda floja más fina que cualquiera de las que haya cruzado antes. No se trata simplemente de elegir entre aliados y enemigos. Está gestionando, al mismo tiempo, cinco cables en tensión. Y, fiel a su estilo, Erdogan parece avanzar en puntillas, calculando que el caos puede servirle más de lo que le amenaza. ...

El primer cable es el que ha logrado neutralizar con mayor esmero. Durante años, el infame caso Halkbank arrojó una larga sombra jurídica sobre su relación con Washington. El banco estatal turco fue acusado en un tribunal federal de Manhattan de participar en un esquema multimillonario que ayudó a Irán a eludir las sanciones estadounidenses mediante una elaborada red de intercambio de petróleo por oro que operó entre 2011 y 2013, conectada por los fiscales a altos funcionarios turcos y, por implicación, al propio Erdogan y a su entorno familiar. El caso sobrevivió a apelaciones ante el Tribunal Supremo y parecía destinado a convertirse en una espada de Damocles diplomática permanente.