Trump aparca su plan de que estas fuerzas contribuyan en su ofensiva contra la República Islámica mientras la oposición y Turquía no ven con buenos ojos el uso de quienes consideran “separatistas”

Como todo en esta guerra, lo que un día parece seguro al día siguiente ya no lo es. Un reflejo de la inconstancia de la persona al mando, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y de la falta de planificación en su ofensiva contra Irán. Los kurdos no son una excepción: la opción de utilizar a estas milicias para abrir un frente terrestre, un plan que se filtró ―probablemente de...

forma intencionada― a varios medios estadounidenses, ha sido aparcado, según confirmó el republicano esta semana. No obstante, los grupos kurdoiraníes aseguran estar preparados para intervenir contra la República Islámica en el momento en que el régimen se debilite.

Estos días vuelve con fuerza el recuerdo de la República de Mahabad. Como inspiración y también como advertencia. Establecida en el noroeste de Irán en 1946 y con capital en dicha ciudad, fue uno de varios intentos de crear un Estado independiente para los kurdos ―considerado uno de los mayores pueblos sin país del mundo― pero, como los demás, fracasó estrepitosamente: al cabo de 10 meses y en cuanto se retiraron las tropas de la Unión Soviética que les daban protección. “Siempre que el Gobierno central de Teherán es débil, emergen fuerzas centrífugas entre las minorías étnicas y religiosas en las regiones periféricas, a menudo con apoyo exterior. Ocurrió tras la I y la II Guerra Mundial y tras la Revolución de 1979”, arguye el politólogo iraní Ali Alfoneh, del Instituto de Estados Árabes del Golfo.