El laportismo es ya un poder hegemónico como lo fue el nuñismo. Todos los fenómenos que orbitan alrededor del Barça, incluida la oposición a su candidatura, son hijos de su victoria en 2003. No hay nada nuevo desde entonces
La historia empezó como empiezan siempre estas historias, sin que nadie se dé cuenta. O, al menos, el que tenía que estar al loro. El 11 de diciembre de 1997 los abogados Joan Laporta y Sebastià Roca presentaron un documento con la firma de 150 socios para promover una moción de censura contra Josep Lluís Núñez, en el cargo desde 1978. Histórico. La avanzadilla de un desembarco. La fuerza de una plataforma llamada Elefant Blau, iluminada por Armand Carabén, desafió luego el orden establecido....
O sea, 22 años de nuñismo más tres de propina con Joan Gaspart. Aquella votación la perdió 40/60, como se pierden y se ganan siempre en el Barça (veremos el domingo). Pero alumbró una fuerza antisistema en el club liderada por un personaje salido de una novela de Juan Marsé.
La noche de aquel 11 de diciembre, en cualquier caso, estalló el Big Bang. El mundo conoció a Laporta y Laporta se conoció a sí mismo. Aunque el clímax no llegase hasta 2003, con la victoria contra una candidatura que representaba el poder establecido de entonces. O sea, el grupo que había armado Lluís Bassat tirando del método “pastelería catalana”, como solía decir un amigo de Laporta: un poco de aquí y otro de allá de la alta sociedad barcelonesa, que nadie se enfade.








