El potente tirón social del club y su capacidad de influencia alientan una carrera de intereses por ganar la complicidad de la futura junta directiva

Josep Lluís Núñez presidió el FC Barcelona durante 22 años y se le ha dedicado una serie televisiva donde se retrata la metamorfosis que sufre quien logra sentarse en la butaca central del palco del Camp Nou: pasó de ser un millonario constructor anónimo a una figura popular a la que pedían autógrafos por la calle, solicitado e imitado en los medios y con autoridad para decidir el futuro de figuras como Cruyff, Maradona o Romario. El club tiene un tirón colosal, hasta la mega influencer Rosalía se ha mostrado esta semana vibrando en el estadio, y ese poder de arrastre le confiere una capacidad de influencia muy codiciada en Cataluña, donde ahora manda un socio del Espanyol,

ttps://elpais.com/espana/elecciones-catalanas/2024-05-14/salvador-illa-un-filosofo-de-orden.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/espana/elecciones-catalanas/2024-05-14/salvador-illa-un-filosofo-de-orden.html" data-link-track-dtm="">Salvador Illa, que reconoce que “el Barça es muy importante para Cataluña”. Quien controla el Fútbol Club Barcelona maneja un poder que va mucho más allá de los 1.000 millones de euros de presupuesto anual que baraja la entidad. Las elecciones del 15 de marzo afloran un juego de intereses que sobrepasa la lucha entre Joan Laporta y Víctor Font y activa a partidos políticos, empresas, y entidades económicas a tejer alianzas para estar cerca del lado vencedor cuando se haga el recuento. O, por lo menos, para no perder por goleada.